jueves, 24 de abril de 2008

Adios

Mordiendo su intuición serena,

Con el estoicismo en su rostro magro,

Se fue sin decir adiós.

Con el dolor sangrante de sus entrañas,

Con el misterio en su andar cansino,

Se fue sin decir adiós.

Arrastrando sus pasos de viento,

Con su andar de imágenes indescifrables,

Se fue sin decir adiós.

Adentrándose en mi jardín

-para siempre también el suyo-,

Se fue sin decir adiós.

Bajo una capilla de cirios estelares,

Dejando un réquiem de ladridos vagabundos,

Se fue sin decir adiós.

Osmar Suárez, de Cuatro caballos negros, 1985.

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